Nuestro Entorno

 Nacida en tierras de paso hacia otras villas de más rancio abolengo, Fuente la Lancha tiene todas las virtudes y todos los defectos de los pueblos fronterizos. Así el transcurso de los años y las gentes -llegadas a través de esa arteria vital que es la carretera 420, que surca la comarca de Los Pedroches- ha convertido este lugar en un crisol donde es entremezcla fértilmente la historia con la leyenda.

Aquel poso aristocrático dejado por los condes de Belalcázar, artífices de su origen, convive hoy con la sabiduría popular de los hombres y mujeres que dejaron aquí su huella a lo largo de los siglos. Lo malo es que casi todos lo hicieron con prisas y cierto aire de provisionalidad, camino de otros apeaderos de más renombre, y esas presencias fugaces, ese trasiego continuo convirtieron en alada el alma del lanchego. “Aquí, salvo los viejos, ya no para casi nadie" -lamenta un octogenario con melancolía-. La juventud, ya se sabe, es culo de mal siento, y se busca los garbanzos por otras partes”



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